La exportación de ovejas de refugo abre oportunidades para la carne ovina, pero revela límites del sector

La reciente exportación de ovejas de refugo a mercados de Oriente Medio volvió a poner en valor una categoría históricamente descartada en el mercado interno y abrió una nueva oportunidad para la carne ovina argentina. Se trata de animales que no tenían destino comercial local y que ahora encuentran demanda en países donde el consumo de carne ovina es elevado.

El empresario y exportador Tomás Pirán explicó que la apertura de este mercado fue posible gracias a un trabajo sostenido que incluyó la prospección comercial en el exterior, la articulación con productores de distintas provincias y la adecuación de frigoríficos para cumplir con estrictos requisitos sanitarios y religiosos, como la faena bajo rito halal. En este proceso participaron productores de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, y la faena se realizó en el frigorífico Argentina Alimentos de Gualeguay.

La concreción del envío requirió la intervención del Senasa para las certificaciones sanitarias y una articulación público-privada clave. En ese marco, tuvo un rol destacado José Mouliá, exministro de la Producción de Entre Ríos y actual representante del Gobierno provincial en Buenos Aires, quien impulsó las gestiones necesarias para avanzar con la operatoria. En este primer embarque se faenaron más de mil ovejas y corderos de productores de los departamentos Concordia y Gualeguay, con destino al Sultanato de Omán.

Desde el ámbito técnico, especialistas del INTA señalaron que la exportación de ovejas de refugo representa una oportunidad para mejorar la rentabilidad de los establecimientos, especialmente los de mayor escala. Sin embargo, advirtieron que los productores medianos y pequeños necesitan previsibilidad, precios claros y convocatorias sostenidas para poder responder a una demanda estable en el tiempo.

Productores y dirigentes del sector remarcaron que más del 80 por ciento de la producción ovina entrerriana se desarrolla de manera informal, lo que limita el acceso a mercados internacionales. A esto se suman la reducción del stock ovino, la falta de políticas de fomento y la necesidad de respetar los ciclos productivos para garantizar la sustentabilidad del sistema.

Si bien el negocio muestra potencial, los especialistas coinciden en que su continuidad dependerá de resolver estos límites estructurales, fortalecer la producción, ordenar la cadena y consolidar acuerdos que permitan integrar a todos los eslabones del sector ovino.